¿Y si tomamos las riendas de nuestra alimentación? Conoce “A vecinal” supermercado cooperativo de Zaragoza

 

¿Son los supermercados cooperativos la alternativa en el comercio de la alimentación? El éxito de la gira del documental Food Coop por diferentes salas de proyección de todo el Estado y los movimientos para organizar nuevos supermercados cooperativos que se vienen produciendo en los últimos meses parecen responder afirmativamente a la pregunta. eldiario.es la lanzaba en un reciente artículo y ponía en primer plano una realidad que lleva más tiempo del que parece desarrollándose en España.

Ya en los años 90 nacieron asociaciones como BioAlai o La Ortiga, ambas en funcionamiento hoy. BioAlai es una Asociación sin ánimo de lucro de Consumo de Productos Ecológicos que abastece de alimentos ecológicos a más de 1100 familias de Álava y su entorno y está en relación con aproximadamente 100 productores y productoras. La Ortiga, por su parte, es la cooperativa de consumo ecológico más longeva de Andalucía. Nació impulsada por un grupo de personas interesadas en la producción ecológica, el desarrollo rural y el consumo de productos ecológicos y desde 2001 funciona como una cooperativa para desarrollar sus supermercados alternativos. Y no son las únicas. En Pamplona encontramos a Landare, asociación que reúne a las consumidoras para acceder a productos ecológicos a precios asequibles. En Valladolid se encuentra la Sociedad Cooperativa de Consumo Ecológico Ecogermen, que pone en práctica el consumo de productos ecológicos con criterios éticos. Y BioTrèmol es otra sociedad cooperativa con supermercados en Alicante y Murcia, constituida con “la firme voluntad de transformar la realidad social mediante el cambio de los hábitos de consumo.” Recientemente, al movimiento que pretende transformar el comercio y distribución de alimentos se ha sumado Som Alimentació, una comunidad de personas que, a la manera de Som Energia, se une para crear un supermercado cooperativo y colaborativo, donde poder comprar a un precio asequible productos locales y ecológicos producidos de manera responsable y sostenible. Han comenzado en Valencia, aunque la experiencia de otros “Som” augura una extensión rápida a otros territorios.

Todos estos proyectos de consumo tienen en común una defensa radical de la soberanía alimentaria a través de la necesidad, la urgencia casi, de tomar las riendas de nuestra alimentación para garantizar tanto su calidad como un impacto sostenible en su producción.

Desde Som Alimentació, que se encuentra en proceso de financiación y ya ha conseguido 200 socias, defienden que “la alimentación es una de las cosas más importantes de nuestra vida, pero hemos perdido el control sobre ella en favor de las grandes empresas”, lo cual tiene impactos negativos tanto en la salud de las personas como en el medio ambiente. Para revertir esta situación proponen aplicar a la alimentación los valores de la Economía Social y Solidaria, poniendo el interés de las personas por encima del lucro, el beneficio empresarial o el crecimiento económico. A través de las prácticas y valores de la ESS, promueven la producción local, estableciendo relaciones con agricultores y productoras del entorno y contribuyendo a mejorar la economía del lugar donde se encuentran. Desde BioTrèmol entienden que comprar en su establecimiento es apoyar “a personas y organizaciones que están desarrollando un modelo de actividad sostenible e igualitario centrado en el bienestar, la salud de cada uno de los proveedores, socios, clientes, y de la sociedad.” Según Ecogermen, la Economía Solidaria implica “un nuevo tipo de relaciones económicas, basadas en la igualdad de trato entre todos los que intervienen en el ciclo producción-consumo y destinar los beneficios a proyectos con objetivos sociales, el respeto al medio ambiente y compromiso social con el entorno y el fomento del empleo digno.”

La organización en cooperativas para formar supermercados no sólo garantiza el consumo de alimentos de calidad sino que promueve modelos económicos diferentes que buscan la transformación social. Los supermercados cooperativos otorgan a sus socios la oportunidad de aprender a gestionar un proyecto de forma compartida y participar en la organización y toma de decisiones de una estructura de forma democrática y horizontal. Además, estos aprendizajes internos se fortalecen con diferentes actividades. En BioAlai, por ejemplo, se promueven formaciones de cocina natural, grupos de encuentro y de trabajo sobre temas como la alimentación o el Consumo Responsable, y también han puesto en marcha un Banco de Tiempo.

Para Landare, la participación de los socios en los grupos de trabajo, en la junta y en las asambleas, tiene también el objetivo de mantener y fortalecer los valores que defienden. Pero, además, no todo se queda dentro: desde los supermercados cooperativos se colabora con otras organizaciones o instituciones, se participa en mercados y ferias, se hacen formaciones externas, se organizan encuentros con los productores y se crean redes con otras entidades o personas.

Ahora, el gran reto de los supermercados cooperativos es pasar de una minoría concienciada al gran público. Como explica Toni Lodeiro en Opcions, se trata de “extender las alternativas”, un proceso en el que “las políticas públicas pueden y deben jugar un papel clave en posibilitar la extensión de las alternativas más allá de las minorías concienciadas”. De otra forma, la necesaria transformación de los hábitos de consumidoras hacia un consumo responsable que garantice la sostenibilidad del planeta corren el riesgo de limitarse a unas capas muy determinadas de la sociedad mientras que el capitalismo se limita a dar una capa de barniz a su oferta.

A finales del año pasado la Organización Mundial de la Salud alertaba del uso de antibióticos de la industria alimentaria. En una sociedad en la que los alimentos que adquirimos en los grandes supermercados no son buenos para nuestra salud ni el planeta, el debate sobre la necesidad de una alternativa que transforme la gran distribución de alimentos y el comercio en grandes superficies está más vigente que nunca. Y las experiencias y aprendizajes que se han completado en los últimos años están disponibles para que los supermercados cooperativos puedan multiplicarse e implicar a un mayor número de personas. Lo que comemos hoy aún no depende de nosotras, pero en nuestras manos está la construcción de alternativas.

Fuente: Alba Giner para El Salto

Conoce la iniciativa para crear un supermercado cooperativo en Zaragoza en el siguiente documento, donde explican el proyecto y hacen una propuesta para unirse como socio fundador/a.

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