Alba nos cuenta su experiencia en Rzeszów, Polonia

     

Antes de empezar esta aventura, debo admitir que tenía un poco de miedo. Irse dos meses a un país nuevo, lejos de casa y sin conocer a nadie me transmitía incertidumbre, aunque también tenía mucho entusiasmo por ver lo que estaba a punto de experimentar. Cogí un vuelo desde Barcelona a Cracovia, donde pasé la primera noche. Tuve la suerte de visitar la ciudad la mañana siguiente y he de admitir que me enamoré del sitio, tanto por la gente, los edificios, la atmósfera,… Después me dirigí a Rzeszów, la ciudad donde iba a pasar los siguientes 2 meses. Llegue a la residencia de estudiantes y conocí a mis compañeras de habitación, también voluntarias. Una italiana y dos eslovacas, gente con diferentes culturas y tradiciones con ganas de compartir y aprender.

Al día siguiente empezamos el trabajo y fuimos a la oficina por primera vez, el sitio en el cual pasamos la mayor parte del tiempo, y donde conocimos al resto de voluntarios y trabajadores – una francesa, un macedonio, un turco y otra española. He de admitir que al principio se me hizo un poco difícil adaptarme a los horarios ya que son muy distintos a los que estoy acostumbrada a España. Comer a la 1 o incluso antes, y que a las 4 – 5 ya sea de noche me descolocó la percepción del tiempo. Por otra parte, me sentí muy cómoda enseguida, tanto con la gente como con la vida en la ciudad. A nivel de trabajo de oficina, ha sido bastante variado.

He escrito un artículo sobre mi, traducido una guía de viajes, hecho talleres y presentaciones sobre España a escuelas, grabar y editar un vídeo sobre la ciudad y sobre mi experiencia, etc. Una de las cosas que más me ha gustado hacer ha sido preparar comida para la gente sin techo y repartirla. He sentido que he hecho algo que realmente ayuda a mejorar las vidas de otra gente, aunque solo sea un poquito. Además, he participado en varias actividades fuera del horario de trabajo. Los martes tenemos English Club, donde van jóvenes de diferentes nacionalidades a hablar sobre varios temas en inglés, los miércoles Open Café, donde hacemos actividades relacionadas con un tema distinto cada semana, y los jueves French Club. Gracias a ello he podido conocer a mucha gente de distintos países y aprender sobre varios temas que desconocía. Además, he ido de viaje con otros voluntarios a Lviv, Ucrania. Una ciudad maravillosa y un sitio del cual me llevo muy buenos recuerdos. Ahí fue donde descubrimos lo que es el frío de verdad. Nos perdimos un par de veces ya que no teníamos internet pero todo salio bien gracias a la gente que estaba dispuesta a ayudarnos.

Ahora que llevo 1 mes tengo la sensación que llevo viviendo aquí desde hace muchísimo, y al mismo tiempo siento que el tiempo ha pasado muy rápido. He vivido muchas experiencias nuevas, conocido gente maravillosa y crecido como persona. Estoy muy contenta de cómo han ido las cosas y de poder tener esta oportunidad. Ahora voy a aprovechar y disfrutar el tiempo que me queda al máximo.

 

Qué rápido pasa el tiempo…

           

No me puedo creer que ya esté en casa después de casi 2 meses en Polonia. Esas últimas semanas fueron muy intensas y llenas de emociones. Ya me sentía totalmente adaptada y acostumbrada a mi estilo de vida de allí.
Una de las cosas que más ilusión me hacían cuando decidí ir a Polonia en invierno era ver nieve porque me encanta. Debo decir que volví decepcionada a casa porque solo nevó un día y muy poquito pero eso se compensa con el increíble tiempo que hizo, teniendo en cuenta que era diciembre. Algunos días hizo más calor y sol que en España,
¡Que locura!

Viajar te lleva a reencontrarte con gente que pensabas que no volverías a ver nunca. Me hizo muy feliz el hecho que pude visitar a una amiga que vive en Katowice, una ciudad a unas 3 horas de Rzeszów. La conocí en un Intercambio Juvenil en Cerdeña una semana antes de ir a Polonia. Pasé un fin de semana en su casa y eso me dio la oportunidad,
aparte de pasar tiempo con ella, de convivir con una familia polaca e introducirme de lleno en sus tradiciones y estilo de vida.

Una de las cosas que más me gustaron fueron las decoraciones de navidad de la plaza central de la ciudad. Las luces eran preciosas, y además pusieron un mercado pequeñito, una noria y una pista de patinaje sobre hielo, que le daban un encanto especial. Subimos a la noria y disfrutamos de unas vistas increíbles de la plaza. Al fin llegó uno de los días mas esperados para la organización. Una de las principales tareas de todos los voluntarios fue preparar una presentación de nuestro país para un evento internacional en una de las escuelas de la ciudad. De esa forma los alumnos tuvieron la posibilidad de aprender cosas de otros países y culturas mientras practicaban inglés.

                               

El último fin de semana fuimos a Cracovia a ver el mercado navideño y a comprar algunos regalos. Tuvimos un susto al empezar el día ya que casi perdemos el autobús, y ya nos veis corriendo por el medio de la ciudad a las 6 de la mañana a punto de tener una taquicardia. El mercado era gigante, uno de los más grandes que he visto en mi vida,
y había muchísimas cosas bonitas y paradas de comida. Empezamos a comprar cómo locas hasta que nos dimos cuenta de lo mucho que habíamos gastado.

                                           

He vivido muchos momentos graciosos y hecho más que alguna estupidez, pero una de las cosas que no voy a olvidar jamás es la nota que nos dejó un vecino pegada a la puerta después de decidir cantar a pulmón la canción “Thinking out loud” a las 10 de la mañana, con mi compañera de habitación. Acto seguido nos fuimos corriendo muertas de vergüenza esperando que nadie nos viera.

Para poner fin a esta gran experiencia, puedo asegurar que ha valido la pena en muchos aspectos. Siento que he crecido como persona, me he descubierto a mí misma, he vivido muchas cosas nuevas y conocido a personas que van a ocupar una parte de mi corazón para siempre. La verdad es que no he tenido casi ninguna preocupación durante estos dos meses y me he dedicado a vivir el momento, sin importar nada más. Me he sentido más auténtica y he disfrutado de todas las pequeñas cosas. Se me hizo muy duro despedirme de los otros voluntarios y de los amigos que tenía allí. Puede parecer que en dos meses no da tiempo de encariñarte tanto de la gente, pero puedo aseguraros de que no es así. Sentí que las emociones se multiplicaron por mil durante ese tiempo y me sorprendí a mi misma con lo importantes que pueden convertirse algunas personas en tan poco tiempo, y lo que se les puede llegar a querer. Tengo la esperanza de volverlos a ver algún día en alguna parte del mundo.

                                                                       

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