Gabriela nos cuenta sobre su voluntariado en Polonia

Agosto 2019

Me llamo Gabriela, tengo 23 años y soy una voluntaria del Cuerpo de Solidaridad Europeo (European Solidarity Corps), actualmente en pleno proyecto sobre educación alternativa en un colegio democrático de Polonia. Me gustaría compartir mi experiencia con quienes quieran conocerla, principalmente gente joven y con ganas de comerse el mundo, pero también para los dudosos, para los tímidos, para los perdidos y para los que quieren ser mejores versiones de sí mismos.

La primera vez que escuché algo sobre esta iniciativa de la Unión Europea fue a través de las redes sociales: Una amistosa oferta de voluntariado apareció en el sitio indicado, en el momento indicado. Abrí el enlace, una página de Facebook daba todos los detalles sobre un proyecto en concreto. “Transporte, vivienda y gastos básicos cubiertos, 30-35 horas de asistencia a la semana a un colegio de educación no formal, 11 meses, Polonia” fueron los detalles que llamaron mi atención. En ese momento tenía el corazón roto, acababa de dejar un trabajo insatisfactorio y me quedaban dos años hasta las siguientes oposiciones. No tenía nada que perder, así que completé el formulario adjunto sin darle especial relevancia. Probablemente no me llamarían.

Pero sí lo hicieron, concretamente dos horas después de mandar mi cuestionario terminado. Concertamos una entrevista por Skype y hablé con una coordinadora de la organización de acogida, quien de algún modo consiguió ser tan amigable como profesional. Me puso en contacto con los directores de las dos escuelas donde podría entrar a enseñar, quienes eran igual de encantadores. En apenas unos días me estaban dando fecha y lugar para comenzar mi voluntariado. Lo hablé con mi familia. “Gabriela, lo que estás diciendo suena a fraude”, me dijeron, y yo no descartaba la idea. No pude creer que era real hasta que estuve dentro de mi nueva casa en el sur del país polaco.

Desde ese día han pasado tres meses.

El colegio es la viva imagen de lo que constituye una comunidad, y lo mejor de todo, una comunidad inclusiva. Es difícil diferenciarme a mí misma de cualquiera de mis alumnos, puesto que aprendo tanto de ellos como ellos de mí. Mi presencia les permite acercarse y entender a una persona extranjera, para muchos la primera con la que pasan tanto tiempo, e intentan comunicarse conmigo a pesar de la barrera lingüística. No se rinden hasta hacerse entender; se extrañan, se ríen y se cuestionan cuando les hablo de mi país, mi familia, mis aficiones, mis gustos… en un proceso que, paulatinamente, les está inculcando valores como el respeto, aprecio por la diversidad, la solidaridad, el trabajo en equipo y el pensamiento crítico. Los niños indudablemente ganan mucho gracias a esta oportunidad, y no solo ellos salen beneficiados.

Desde que estoy aquí, he aprendido a jugar nuevos juegos de mesa. He aprendido y enseñado canciones en idiomas distintos. He recogido flores para hacer infusión con ellas. He construido un pequeño cohete con materiales reciclados, y lo hemos hecho volar a varios metros de altura. He probado comidas que no conocía. Me he bañado en un lago. He visitado varias ciudades, sus monumentos, sus calles, sus museos y sus jardines. He estado en charlas y exposiciones de ciencias, sociología, educación e incluso religión. He estado en conciertos y festivales. He mirado el Sol y la luna por un telescopio. He perfeccionado mi tortilla de patata. He mejorado mucho en mi salud física y mental. Estoy aprendiendo un nuevo idioma. Veo la puesta de sol todos los días desde mi ventana.

Pero por encima de todo, he conocido y sigo conociendo personas maravillosas: Mi compañera de piso, el resto de voluntarios (¡más de una veintena!), profesores, niños y sus familias, vecinos, desconocidos que pasan a ser conocidos después de una cerveza… Nuevas amistades que tejen una red cada vez más extensa, más humana, que permiten que nos conozcamos mejor a nosotros mismos. Al final, lo mejor de este proyecto son las personas y lo que aprendemos de ellas.

En solo tres meses soy una persona distinta a la que era, y espero con ilusión los meses que aún me quedan por vivir en esta increíble aventura.

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