LOS PARTICIPANTES DE PROYECTO “DARE: demystifying fears and failures to take action” NOS CUENTAN SOBRE SU EXPERIENCIA EN FRANCIA

Es innegable que todos sentimos, y en muchas ocasiones sentimos de forma similar, sin embargo la sociedad a contrarreloj en la que vivimos nos impide a menudo pararnos a cuidar nuestras emociones. Durante  7 días, el precioso paisaje de Domaine de Matens, situado en el sur de Francia a escasos kilómetros de Touolouse, fue testigo del auto aprendizaje, del crecimiento y florecimiento personal de muchos de nosotros, quienes aprendimos a aceptar las emociones y a reconocerlas con la naturalidad y normalidad que se merecen. 

Durante la semana del 3 al 10 de marzo tuvimos la oportunidad de aprender sobre el concepto de inteligencia emocional, pero más aún, aprendimos de nuestros miedos y sus consecuencias en nuestra vida, de cómo cada una de nuestras experiencias vividas nos han hecho ser las personas que somos a día de hoy, y de la importancia de emociones individuales en diferentes grupos sociales. 

Aprendimos también cómo gestionar y aceptar nuestras emociones, de una manera muy dinámica y práctica, a través de talleres, reflexiones e intercambios personales propuestas por el equipo organizador en los que hubo tiempo para lágrimas, risas, y sobre todo muchos, muchísimos abrazos de esos que te calan.

Muchas de las actividades fueron muy interesantes y a la vez intensas, en las que nos involucramos emocionalmente de tal manera que muchos acabamos rotos por dentro. Sin embargo, la complicidad de un abrazo o una simple mirada de cualquiera de los acompañantes de ese viaje con tantas curvas, era muchas veces lo suficientemente reconfortante como para iniciar el florecimiento posterior.

Compartir esta experiencia con personas de diferentes rincones de Europa hizo que la calidad del componente humano fuese mayor aún, nunca había visto un ambiente tan sano y tan real surgir en tan poco tiempo y de una manera tan sincera. En el proyecto participaron grupos de Francia, Portugal, Alemania, Grecia y Estonia, por lo que también tuvimos la oportunidad de perderle el miedo a comunicarnos en inglés y de aprender nuevas palabras o expresiones en la lengua materna de cada uno. 

 

También hubo tiempo para el ocio, aquellos con dotes para la música nos regalaron conciertos en acústico a veces alegres y otras nostálgico; escuchamos canciones de cada país en los intentos de juntar al grupo entero cada la noche. Pudimos pasear por la naturaleza que nos rodeaba mientras el tiempo nos lo permitió e incluso visitar Gaillac, un pueblecito de cuento très beau cercano a donde nos encontrábamos.

La burbuja en la que estuvimos inmersos durante esa semana no tardó en diluirse tan rápidamente como se había formado días antes, y tras varias despedidas que aún están demasiado recientes con el Puente Nuevo de Touolouse como testigo, la semana llegó a su fin. De todo ello nos quedará el recuerdo, el aprendizaje y la experiencia que tanto valoramos.

Gracias a Viaje a la Sostenibilidad por brindarnos esta oportunidad.

Gracias a la asociación francesa, Via Brachy, por preparar con tanto cariño todas las actividades. 

Gracias al Spanish team, Sonia, Loïck y Laurita por ser los mejores compañeros de viaje. 

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