Los cruceros… ¿son sostenibles?

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Freedom of The Seas es uno de los cruceros más grandes: puede transportar a casi 6000 personas. ( John Child / National Geographic)

El turismo masivo no se ve como turismo sostenible en general. Tenemos muchas veces una visión idílica de un turismo en una aldea perdida en la montaña o en una isla paradisíaca en la que no hay turismo masivo, sino unos cuantos viajeros.

Sin embargo, la realidad es otra. Un lugar tan masificado como Benidorm puede absorber una gran cantidad de turistas en poco espacio y con un uso eficiente de los recursos. Si esa cantidad de turistas tuviera que ser absorvida por un área natural o una isla perdida sería mucho más insostenible, qué duda cabe. Ahora bien, ¿este razonamiento puede servir también para los cruceros?

Cada vez hay más ofertas de cruceros a lugares cada vez más variados: ya no sólo hablamos del típico crucero por el Caribe, sino a Oriente Medio. Son una oportunidad para descubrir un buen puñado de lugares por un precio muy competitivo, que  muchos no se aventurarían a visitar en solitario. Para algunos, los cruceros representan la única posibilidad real de conocer varios destinos en unas mismas vacaciones, porque son incapaces de organizar un gran viaje de forma indepediente.

Se podría llegar  a considerar un crucero como un gran hotel flotante y bastante autosuficiente. El impacto medioambiental no está claro. Si bien es cierto que se ha progresado -o eso dicen- en el desecho de residuos e impacto ambiental, me parece evidente que aún queda un largo camino por recorrer de cara al impacto social que cientos de personas desembarcando en un pequeño puerto pueden tener. Las condiciones laborales de los trabajadores suelen dejar mucho que desear (las regulaciones nacionales no se aplican en alta mar).

Otro aspecto que pasa desapercibido es el desigual poder de negociación que el puñado de compañías que manejan el mercado mundial de cruceros, tienen sobre pequeñas islas o países. En más de una ocasión exigen al puerto una larga lista de condiciones siempre favorables a ellos, para hacer una escala. Se ha llegado incluso a construir toda una terminal para que un crucero atracara en una ciudad y al final la compañía decidió decantarse por otro destino aún más favorable.

El investigador canadiense Ross K. Dowling, al que conocí personalmente hace unos meses, es conocido como Cruise Junkie, o sea, como adicto a los cruceros. Tiene una página web en cruisejunkie.com, donde vierte su análisis crítico sobre la industria de cruceros. Desde que lanzó la web le han vetado  entrar en la mayoría de los cruceros del mundo. Los análisis de Ross recogen problemas de salud, accidentes en alta mar, cuestiones ambientales y las condiciones labores de la tripulación.

Algunas compañías de cruceros (cómo ésta) ponen cada vez más énfasis en su responsabilidad. Esperemos que las críticas de Ross produzcan una industria de cruceros más justa, más sostenible y más responsable.

¡Feliz crucero!

Ross K. Dowling

Ross K. Dowling, la persona más temida por las compañías de cruceros

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