Nuestro voluntario en Letonia nos cuenta que…

Octubre 2019

Empecé el mes mudándome, un cambio significativo en mi voluntariado. Parece que haga  mucho de eso  y ya me acostumbré a mi pequeño piso cerca de la estación de autobuses. Es el lugar perfecto para mí, con baño, cocina y un estudio-habitación. Junto a este cambio se sumó la tarea de definir que hacer hasta el final del voluntariado ahora que mi primer lugar de trabajo permanecerá cerrado en invierno.

Nos juntamos con Ance, Signe y Diana para discutirlo. En primer lugar existía la posibilidad de que fuera cada día a trabajar en Ideju Maja, el centro donde se organizan actividades para los adolescentes y donde trabajan los otros voluntarios de Aizpute . Esa primera idea me parecía bien pero en la reunión se habló de realizar colaboraciones puntuales allí y también en otros centros como la escuela de arte local. Esa propuesta me encantó porqué me supuso la libertad de programar mi tiempo de forma eficiente y trabajar en distintos proyectos a la vez.

De ese modo empecé a ofrecer clases semanales de español, estoy asistiendo a las clases de salsa instruidas por François, un voluntario de Aizpute. También voy más a Ideju Maja para ayudar en talleres puntuales como la preparación para el Halloween o simplemente me paso por allí.

A parte de eso retomé el contacto de la directora de una residencia de ancianos que me ofreció la posibilidad de pintar un mural en sus instalaciones, a las afueras de la ciudad. De ese modo preparé la propuesta y estuve una semana y media pintando a diario la pared de ocho metros de altura. Fue una tarea mentalmente y físicamente exigente. A decir verdad no estoy totalmente satisfecho con el resultado pero la experiencia me ha hecho aprender cosas importantes y disfruté mucho haciéndolo.

En resumen, se puede decir que encontré mi nuevo rol como voluntario. Estoy muy contento con eso porqué he vuelto a crear cierta rutina semanal que me mantiene ocupado y, a la vez, disfruto de cierta libertad en organizarme. Pronto voy a programar el primer taller en la escuela de arte y me pidieron una segunda clase semanal de español.

 

Septiembre 2019

A principios de mes estuvimos preparando Āboļošana, el festival de las manzanas que se celebra cada año como evento de clausura de la temporada donde hay talleres, artesanías, conciertos y todo tipo de actividades. Es uno de los momentos del año más importantes y con más afluencia de gente en el centro. Para esa ocasión organicé un taller de estampación xilográfica y también mostré las piezas que estuve haciendo durante el verano.

Llegó el día y me encontraba nervioso y preocupado por como iría la jornada. Por lo general todo fue estupendamente pese algún que otro pequeño contratiempo. Fui capaz de animar a los transeúntes a participar en el taller, sobre todo los más pequeños.

Durante los días posteriores pude sentir menos obligaciones pero fueron igualmente intensos porqué preparamos la despedida de Jessica, la otra voluntaria en SERDE. Fue un momento triste, ya que compartimos muchos momentos juntos des de que llegó hace dos meses. Su ausencia se notó mucho los siguientes días. Aún estaba Amy en la casa, un artista de Estados Unidos.  Por suerte, al cabo de pocos días me visitó mi mejor amiga de España. Pasamos unos días maravillosos juntos.

Después de su marcha siguió la de Amy. Actualmente me encuentro solo en el centro en un momento de cambios inminentes.  Dentro de unos días me voy a mudar a un apartamento en Aizpute porqué empieza a hacer frío y la casa es muy grande y antigua. La actividad en SERDE ha cesado hasta la próxima primavera. El próximo martes tengo una reunión donde debemos planear cuáles serán mis tareas durante el invierno. Tengo en mente algunos proyectos que quiero llevar a cabo.

En definitiva, dentro de poco voy a cambiar de trabajo y hogar. Al principio me daba un poco de pereza porqué me gusta mucho el lugar donde vivo y me he acostumbrado a mis tareas. Pero ahora tengo ilusión para afrontar nuevos retos y experiencias. Ya es otoño y me alegro de estar en Aizpute

 

Agosto 2019

Durante el mes de agosto viví numerosas experiencias.  Trabajar y vivir en un centro de arte tiene sus cosas buenas y malas. Por una parte puedes ser partícipe en diferentes actividades, conocer la forma de trabajar de otros artistas pero, al mismo tiempo, uno necesita de cierto espacio propio e instantes para uno mismo.

A principios de mes fuimos a hacer trekking por la playa tres días. Fue maravilloso y extenuante. Parece que haya pasado mucho tiempo des de aquello. Aquí el tiempo fluye a otra velocidad, ya me lo advirtieron.  La larga caminata por las playas vírgenes me permitió entablar extensas conversaciones con Jessica y conocerla mejor.

A los pocos días de regresar a Aizpute me fui a un festival de música a la otra parte de Letonia como voluntario. Me siento muy agradecido de haber podido formar parte de ello porqué conocí mucha gente nueva y descubrí diferentes tipos de música.

Tras esa semana intensa no tuve muchos momentos de reposo porqué al siguiente día de mi regreso empezó un simposio de la técnica del hierro colado. Fue una semana intensa donde trabajé bastante en mi pieza. Afortunadamente la gente que acudió a trabajar en sus piezas eran estudiantes de artes en Riga. Pude formar amistad con algunos de ellos. A veces me sentí mentalmente saturado pero sabía que estaba aprendiendo un montón. La culminación de todo eso fue el vertido del hierro fundido, uno de los momentos más espectaculares des de que llegué. Además se organizó durante las fiestas de Aizpute, un momento de pura celebración.

Después de la celebración Jessica y yo pudimos gozar de una semana más tranquila. Volvimos a trabajar en nuestros proyectos, planteando actividades y hospedando nuevos artistas. Empezamos a hacer deporte  y a cocinar juntos. Esos pequeños cambios fueron significativamente positivos en mi rutina. Tuve un pequeño roce con una artista descontenta con la organización. Me sentí muy furioso con el problema pero gracias a mis compañeras pudimos solucionarlo.

Recientemente llegaron mis padres y hermano de visita a Letonia. Gocé de unos días de vacaciones en los cuales visitamos diferentes sitios, comimos y bebimos.

A día de hoy tengo la sensación que ya llevo mucho tiempo en Aizpute pero realmente solo llevo dos meses. Creo que es la señal de que estoy aprovechando el tiempo. Siento que debo aproximarme a la gente local y salir con más frecuencia de mi zona de confort.

En un par de semanas se celebrará el evento de clausura del verano donde organizaré un taller.

 

 

Julio 2019

Aitor nos cuenta sobre cómo va su voluntariado en Letonia que empezó hace un mes.

Llegué a Letonia a finales de junio dejando mi familia, amigos y hogar por una temporada. Solo con llegar a Aizpute quedé fascinado por la belleza del pueblo en medio de la naturaleza y por mi nuevo hogar, SERDE. Pasé la primera semana prácticamente solo, explorando poquito a poquito el entorno y sus gentes pero la lluvia y el frío lo dificultaron un poco. A pesar de eso conocí a Dimitris, otro voluntario en Aizpute en otro centro;  Diana, mi mentora; Ance, Signe y Ugis que me ayudaron a descubrir el lugar y la población local.

Al cabo de unos diez días tuve que ir a Ramava, a las afueras de Riga, para asistir a la formación de voluntarios. Al principio me dio pereza asistir porqué estaba empezando a sentirme integrado y había comenzado a trabajar en mis proyectos artísticos. Luego, al conocer el grupo de voluntarios que se encontraban allí me sentí mejor y aprendí bastante. Fue una experiencia enriquecedora e intensa.

Al regresar a Aizpute las cosas fueron mejor.  Empecé a encontrar mi rol en SERDE, llegaron diferentes artistas, aumentaron las actividades y finalmente, hace apenas una semana, llegó Jessica una nueva voluntaria en SERDE.

Actualmente estoy un poco exhausto tras una semana muy intensa en la que colaboré en las jornadas de restauración. Pasaré los siguientes días caminando y acampando en la playa con unos amigos para desconectar un poquito. De ese modo podré regresar con las pilas recargadas.

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